En una antigua casa del centro de San Martín, hay un muro que, según los vecinos, sangra cada Día de Muertos. La leyenda dice que allí fue enterrado un sacerdote que traicionó a su comunidad durante la época colonial. Cada año, una mancha rojiza aparece en el mismo lugar, y quienes la tocan dicen sentir un frío que les recorre el cuerpo. La casa permanece cerrada, pero la historia sigue viva.