Una anciana vestida de negro aparece en sueños de los niños del pueblo. Está sentada frente a un telar, tejiendo hilos dorados que representan los destinos de quienes la visitan. Algunos despiertan con marcas en las manos, como si hubieran tocado el hilo. Se cree que si la anciana deja de tejer, el tiempo en San Martín se detendría, y las pirámides volverían a dominar el valle.